UN ENCUENTRO CON YANET VALDÉS

 

 

 

Por: Annia Liz de Armas Valido

 

El joven panorama musical de Cuba cuenta con una sólida presencia de voces femeninas en los diversos géneros, estilos y sonoridades musicales. En este contexto, la crítica ha considerado a Yanet Valdés como una de las más destacadas jóvenes intérpretes vocales y entre las más interesantes cantantes cubanas en lo que va de siglo XXI en la Isla.(*) Con su particular voz interpreta clásicos de la canción cubana, cantos yorubas y los más complejos standars del jazz. Sin dudas, atrapa a quien aprecia la música cuando realmente provoca sentimientos e ideas. En su haber cuenta con un premio Jo Jazz en la categoría de Interpretación en 2005. Asimismo ha participado en disímiles colaboraciones con músicos nacionales e internacionales de la talla de Beatriz Márquez, Joaquín Betancourt, Orlando Valle (Maraca), Wynton Marsalis, entre otros.

 

Yanet, eres una cantante completamente empírica, no transitaste por el sistema cubano de educación artística. ¿Cómo llegas entonces al universo de la música?

 

Canto desde siempre. No recuerdo con claridad mi primer momento musical. De niña me gustaba imitar todo tipo de sonidos, acentos, voces. La música llego a mí con total naturalidad y desprejuicio, orgánicamente. En mi casa se escuchaban discos de jazz, blues, filin, bossa nova. Crecí aprendiendo inglés a la par que el español, gracias a mi tío Julio, que es profesor, por lo que mi aproximación a la música en ese idioma fue perfectamente lógica.

 

Soy de Regla, la música afrocubana, los toques, las fiestas populares también están profundamente arraigados en mi subconsciente. Todos estos elementos conviven armónicamente en mi universo interior. En 2004 conozco a Bobby Carcasés. Yo estaba en una iglesia con un cuarteto vocal y él me invito a cantar en un concierto en la peña habitual que por entonces tenía en el anfiteatro de El Almendares. Fue en ese concierto en el que conocí a Yasek Manzano, quien el mismo día me ofreció formar parte de la banda que recién estaba formando. Fue así como llegue al escenario musical cubano.

 

¿Qué significó entonces para tu formación y carrera musical integrar la agrupación de Yasek Manzano, uno de los más relevantes trompetistas cubanos?

 

Yasek significó estar de frente a mi vocación. Fue el reto de dar un salto de fe al mundo profesional. Fue el espacio donde pude desarrollar y sistematizar lo que hasta ese momento era totalmente intuitivo e instintivo en mí. Él me dio la oportunidad de abrazar mi destino.

 

Luego de ocho años trabajando en esa agrupación, decides lanzarte como solista hace apenas dos años. Imagino que esta decisión haya traído consigo cambios muy intensos. ¿Cómo fue y de qué manera asumiste tal transformación?

 

La evolución es un proceso que a veces puede ser difícil, sobre todo en el plano de la costumbre, pero la vida es un cambio constante que si uno resiste involuciona. Como las estaciones se suceden, como la fruta madura, así llegó el momento de expandirme, eso sí, con una profunda gratitud a todo lo que Yasek hizo por mí. Siempre me he sentido guiada por algo más grande que yo misma y me fui a buscar mi espacio y mi voz en el mundo guiada por esta certeza interna de que tenía que hacer algo más y que ya era hora. Ha sido una transformación fructífera y muy gratificante. En esta búsqueda he tenido un gran aliado, Alejandro Meroño, pianista y compositor con una visión y sensibilidad increíbles.

 

En este momento, donde las corrientes y el discurso feminista están muy en boga, resultaría oportuno que nos comentaras cómo ha sido tu experiencia al dirigir un grupo musical donde todos los integrantes son del sexo masculino.

 

Dirigir hombres no ha sido un problema para mí, las mujeres estamos dotadas además de un sexto sentido: la intuición y la comprensión de las necesidades individuales, que a la hora de estar a la cabeza de un proyecto es una herramienta fundamental. Soy afortunada de contar con un grupo de músicos jóvenes, llenos de entusiasmo e inquietudes. Hay mucha comunicación y respeto entre todos, y soy cuidadosa de darles su espacio de experimentación también. Creo que el equilibrio es la palabra clave entre lo femenino y lo masculino. Tenemos una retroalimentación constante. Creo más en el equilibrio que en las posturas radicales.

 

En tu repertorio se puede apreciar una variedad en cuanto a géneros y sonoridades musicales que van desde el filin y el jazz, hasta la música afrocubana. No obstante, algunos apuestan por etiquetar a Yanet Valdés como una cantante de jazz. ¿Qué opinas al respecto?

 

La gente etiqueta constantemente porque la mente tiene necesidad de ordenar y clasificarlo todo para sentir seguridad, pero a veces esto puede ser muy restrictivo. No me siento limitada por un género u otro, todos tienen en común las notas, los sonidos, la música. A mí me interesa el mensaje, me interesa poder transmitir emociones o ideas y utilizo lo que sea que tenga a mi alcance en ese momento: del susurro al grito visceral, de un lamento afrocubano a la melodía sofisticada de un clásico del jazz.  Otra cosa que hay que valorar es que la palabra jazz ha evolucionado dramáticamente. Cuando vas a festivales de “jazz” en el mundo, te encuentras músicas que se alejan del sentido estricto de esta palabra. Creo que cada vez deberían importar menos las clasificaciones y más la música, que es una sola.

 

Recientemente salió a la luz tu primer fonograma como intérprete vocal solista, titulado Para que vuelvas, bajo el sello Colibrí. ¿Qué representa en estos momentos de tu carrera?

 

Para que vuelvas es un disco que recoge mis primeros años. Ahora mismo ya no soy esa persona. Es un disco que me permite mirar en retrospectiva mi camino.

 

¿Tienes un ídolo musical?

 

Bola de Nieve.

 

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos, futuros, y sueños?

 

Ahora estoy trabajando con empeño en un nuevo disco. Alejandro Meroño será el arreglista y productor. También estoy finalizando un proyecto de cantos afrocubanos con un pianista neoyorquino, Dan Tepfer, donde ambos somos coproductores. Uno de mis sueños ya lo cumplí: cantar con Omara Portuondo. Fui invitada a grabar en su última producción discográfica Magia Negra, la canción “Llanto de Luna”. Otro proyecto que me apasiona y desvela es que actuaré en un documental sobre una cantante cubana de jazz de los años sesenta, pero no puedo adelantar más información. Tengo muchas ideas y sueños, pero lo más importante es vivir intensamente cada paso del camino para lograrlo. Cuando te entregas a vivir y a fluir con la vida aprendes que lo que cada meta te regala al conquistarla es el largo viaje que un día emprendiste para alcanzarla.

 

Sin dudas, los medios de comunicación son importantes en el desarrollo de un artista, pues, si bien no definen su talento artístico, contribuyen a la promoción, el reconocimiento y el posicionamiento del mismo ¿Pudieras decirnos cómo ha sido tu relación con estos?

 

Aunque como solista sí he contado con algunos espacios de promoción en los medios, tanto en la televisión como en la radio, esto no ha sido de manera sistemática. La gente me conoce más por mi trabajo con los grupos de Yasek Manzano y Michel Herrera, que sí han tenido una considerable presencia en los medios. Mi proyecto en solitario es bastante joven.

 

 

 

Nota:

 

* Cfr. Brenda Besada. Para que vuelvas, un fonograma esperado, en Jazz Plaza. Diario del Festival Internacional Jazz Plaza (La Habana.), No. 3, 19/12/2015. 

12/09/16